Los eventos adversos en la infancia tienen un impacto significativo en la depresión y el sufrimiento mental en adultos con antecedentes de cáncer
La prevalencia de los trastornos de salud mental está aumentando, lo que plantea una creciente preocupación para la salud pública. En Estados Unidos, aproximadamente 57 millones de adultos padecen trastornos mentales, cifra que se ha duplicado en la última década, especialmente debido a la pandemia de COVID-19. Esto ha generado una alta demanda de servicios de salud mental, sin suficientes proveedores para satisfacerla. Además, el tratamiento de estas enfermedades tiene un alto costo económico, estimado en más de 230 mil millones de dólares anuales, sin contar las repercusiones indirectas como la pérdida de productividad.
Un factor importante en el desarrollo de trastornos mentales, como la depresión y la ansiedad, son las experiencias adversas en la infancia, como el abuso físico y emocional, el abandono y la violencia. Los estudios han mostrado que un mayor número de estas experiencias adversas en la infancia aumenta el riesgo de sufrir depresión y pensamientos suicidas. En particular, el abuso sexual y físico están estrechamente relacionado con la depresión, con efectos a largo plazo, como intentos de suicidio y síntomas graves.
Este estudio se enfoca en la relación entre las experiencias adversas en la infancia y los trastornos mentales entre los sobrevivientes de cáncer que es un área poco explorada. Este estudio empleó un análisis transversal de los datos del Sistema de Vigilancia de Factores de Riesgo Conductuales de 2022, para conocer la conexión entre el número de experiencias adversas en la infancia, el abuso sexual y físico, los problemas mentales familiares, la depresión y el malestar mental en sobrevivientes de cáncer adultos en Estados Unidos. Para el estudio, se definió a los sobrevivientes de cáncer como personas diagnosticadas con cáncer que siguen vivas. Los datos de la encuesta incluyeron preguntas sobre diagnósticos previos de cáncer dirigidas a los encuestados mayores de 18 años (14,132) que reportaron haber sido diagnosticados con cáncer en el pasado.
El estudio evaluó dos variables de resultado relacionadas con la salud mental: el historial de depresión y el malestar mental. El historial de depresión se determinó mediante una pregunta sobre si algún profesional de la salud había informado al encuestado que tenía un trastorno depresivo. Los que respondieron afirmativamente fueron clasificados con historial de depresión. El malestar mental se midió preguntando sobre la cantidad de días con la salud mental mala en los últimos 30 días. Se consideró malestar mental si el sujeto reportaba más de 6 días con mala salud mental en ese periodo. Los criterios para el malestar mental se basaron en estudios previos.
La variable principal de exposición en este estudio fue el número de experiencias adversas en la infancia, derivado de los ítems del sistema de vigilancia de factores de riesgo de comportamiento. Estos ítems incluyen tres formas de abuso (físico, emocional y sexual) y cinco tipos de desafíos en el hogar, como tener familiares con abuso de sustancias, encarcelamiento, enfermedades mentales, divorcio parental o presenciar violencia de pareja. Cada respuesta que indicaba la presencia de unas experiencias adversas en la infancia se codificó como uno, mientras que la ausencia se codificó como cero. Las respuestas individuales se sumaron para generar una puntuación total de experiencias adversas en la infancia que varió de 0 a 11. Las categorías de puntuación de experiencias adversas en la infancia fueron: cero, uno a dos y tres o más, basadas en estudios previos. Las variables secundarias de exposición fueron tres experiencias adversas en la infancia seleccionados: abuso sexual, abuso físico y enfermedades mentales en la familia, ya que están altamente correlacionados con la depresión.
Este estudio incluyó a 14,132 sobrevivientes adultos de cáncer (60.1% mayores de 65 años, 57.1% mujeres, 81.5% blancos no hispanos, 62.0% casados o en pareja, 32.6% con grado universitario, 29.1% con IMC normal y 47.7% que nunca fumaron). Aproximadamente el 22% de los encuestados reportaron haber padecido más de 3 experiencias adversas en la infancia y el 27% reportaron 1-2 experiencias adversas en la infancia. La prevalencia de la depresión fue del 21.8% y del malestar mental del 15.4%. Los encuestados con depresión eran más propensos a ser jóvenes, mujeres, solteros, con menos educación, ingresos menores a 50,000 dólares anuales, obesos, fumadores actuales y con mala salud. Un mayor porcentaje de los encuestados con más de 3 experiencias adversas en la infancia (40.8%) tenía depresión, seguido por los que reportaron 1-2 experiencias adversas en la infancia (18.7%) y los que no tenían experiencias adversas en la infancia (10.9%).
Discusión
Este estudio investigó la relación entre las experiencias adversas en la infancia, la depresión y el malestar mental en sobrevivientes de cáncer. Se encontró que la tasa de depresión era más alta entre aquellos con tres o más experiencias adversas en la infancia (41%), en comparación con los que tuvieron uno o dos (19%) o ninguno (11%). Sin embargo, sorprendentemente, los sobrevivientes con al menos tres experiencias adversas en la infancia reportaron menos malestar mental que aquellos sin estas experiencias. Esta discrepancia podría explicarse por diferencias de género en la relación entre estas experiencias y malestar mental, ya que en estudios previos se observó que las mujeres experimentan mayor malestar mental debido a experiencias adversas en la infancia (como la pérdida de padres o el abuso), mientras que los hombres no. El estudio sugiere que tanto el tipo de experiencias adversas en la infancia como el género del participante pueden influir en el malestar mental, y se recomienda que futuras investigaciones analicen estos factores de forma más específica.
Además, se encontró que los sobrevivientes de cáncer que convivían con personas con depresión, enfermedades mentales o antecedentes de intentos suicidas en la infancia tenían mayor probabilidad de reportar depresión. Estos factores contribuyen a la disfunción familiar relacionada con un mayor riesgo de pensamientos suicidas y trastornos mentales. La exposición temprana al trauma puede generar sentimientos de indefensión aprendida, lo que conduce a problemas como depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático. Además, la disfunción familiar, incluida la violencia o el abuso sexual, puede alterar la neuroquímica del cerebro y afectar la regulación emocional. Los sobrevivientes de cáncer, especialmente aquellos con experiencias adversas en la infancia, enfrentan un riesgo mayor de problemas de salud mental debido tanto a sus ACEs como a la carga psicosocial de su diagnóstico y tratamiento.
El trastorno depresivo mayor es la condición de salud mental más común, afectando a jóvenes y adultos; está relacionado con un mayor riesgo de ideación suicida y problemas de salud física, como enfermedades cardíacas, diabetes y cáncer. Aproximadamente el 20% de los adolescentes y jóvenes adultos en América sufren de depresión, lo que va a impactar negativamente su calidad de vida en la adultez. Además, la depresión coexiste frecuentemente con enfermedades crónicas y se asocia con el consumo de alcohol y tabaco, lo que crea un entorno proinflamatorio que puede agravar la salud. Se necesita más investigación para comprender cómo las experiencias adversas en la infancia influyen en los resultados mentales y de salud de los sobrevivientes de cáncer.
- Karen Monserrat Plascencia Coyotzi
Bibliografía
- Babatunde, O. A., Gonzalez, K., Osazuwa-Peters, N., Adams, S. A., Hughes Halbert, C., Clark, F., Nagar, A., Obeysekare, J., & Adjei Boakye, E. (2024). Adverse Childhood Events Significantly Impact Depression and Mental Distress in Adults with a History of Cancer. Cancers, 16(19), 3290. https://doi.org/10.3390/cancers16193290